domingo, 15 de marzo de 2026

Proteger a la población trabajadora, también en la carretera

En España están inscritas como empleadas casi 23 millones de personas y en su mayoría se desplazan diariamente por motivos laborales. Ya sea como peatón, como ocupante o como conductor, toda la población trabajadora está expuesta en alguna medida a los riesgos viales asociados al trabajo. La implicación por parte de las organizaciones se perfila como fundamental para reducirlos.

Los siniestros viales durante la jornada laboral causan aproximadamente 400.000 muertes cada año en el mundo.

Al menos uno de cada tres fallecidos en siniestro vial en el mundo lo es a causa de un accidente de tráfico relacionado con el trabajo (ALT). En España, según los datos del ‘Informe de accidentes laborales de tráfico 2024, del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), el 11,8 % de los accidentes laborales son de tráfico y el 28,8 % de las víctimas mortales por siniestros en el trabajo son por desplazamientos relacionados con él.

Destaca, además, que el 72 % de los siniestros laborales viales ocurren en el trayecto al lugar de trabajo o desde este al domicilio. Son los llamados accidentes in itinere. Frente a ellos, los siniestros de tráfico que tienen lugar durante el horario laboral, los accidentes en jornada, suponen el 28 % del total de siniestros de tráfico relacionados con el trabajo.

Y las cifras de este año 2025 no son muy diferentes: según el avance de datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social, de enero a septiembre de 2025 se han producido en España 458.570 accidentes laborales con baja, de ellos 53.695 son de tráfico (11,7 %). Y respecto al número de fallecidos en este periodo: se han producido 547 accidentes laborales mortales, 158 relacionados con el tráfico (28,9 %), 57 en jornada y 101 in itinere.Con este escenario, implantar una cultura de la seguridad vial en las organizaciones se presenta como una necesidad imperiosa.

Mover el foco

Los expertos internacionales reunidos en febrero en la IV Conferencia Ministerial Mundial de Seguridad Vial de Marrakech abogaron por centrar el foco en trabajar desde las organizaciones para reducir la siniestralidad vial, y complementar así las políticas de las últimas décadas que insistían sobre todo en la regulación y el cumplimiento de las normas, dirigidas en su mayoría a la población general.Sus recomendaciones, recogidas en el informe ‘Más allá de 2025: Nuevas medidas para salvar vidas’, incluyen: integrar la seguridad vial en las normas y buenas prácticas en toda la cadena de valor; adoptar la cultura de la seguridad como base, y que Administraciones y ciudades sean locomotoras del cambio al aplicar criterios de seguridad vial a sus acciones y contrataciones. También se introduce la idea de que la seguridad vial laboral sea una condición para tomar decisiones financieras o que el sector de la automoción apoye los niveles más altos de seguridad organizativa y de los vehículos.

Para proteger a las personas trabajadoras en sus desplazamientos laborales, las entidades pueden seguir el sistema seguro de la movilidad y actuar sobre cuatro puntos: factor humano, factor vehículo, factor vía y entorno y condiciones laborales.

En el caso de los riesgos relacionados con las personas (el consumo de alcohol o drogas, la fatiga, las distracciones -con especial atención al uso del móvil al volante- o la velocidad inadecuada) pueden ser contrarrestados con formación, concienciación y políticas estrictas del uso del móvil, entre otras. Las herramientas tecnológicas como los sistemas avanzados de asistencia a la conducción, y un mantenimiento periódico y eficiente, les ofrecerán vehículos más seguros. Para trabajar en el factor vía son efectivas medidas como la planificación de rutas seguras. Y la reducción de los desplazamientos, la flexibilización horaria o el fomento del teletrabajo, podrían reducir el riesgo desde la perspectiva de la organización del trabajo.

Un buen plan de movilidad reduce costes humanos, económicos y sociales.

Planes de movilidad

En España la protección de los trabajadores frente a los riesgos del tráfico se recoge entre los objetivos de la Estrategia de Seguridad Vial 2030 y de la Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo (EESST) 2023-2027.

La firma por parte de los agentes sociales y económicos de esta última ha impulsado que las empresas estén ya actuando “para potenciar una mejor seguridad vial, como por ejemplo con planes de movilidad y seguridad vial, la integración de la seguridad vial dentro de la prevención de riesgos laborales o el apoyo a iniciativas de movilidad y seguridad en territorios”, afirma la patronal española CEOE, que también avanza que desde el Grupo de Trabajo de Seguridad Vial, creado en el seno de la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, se estudia elaborar “un documento que sirva de guía a las personas encargadas de la prevención para poder evaluar con mayor precisión los riesgos asociados con la seguridad vial”.

También la nueva Ley de Movilidad Sostenible, publicada en el BOE en este mes de diciembre, ha supuesto un nuevo empuje al exigir a los grandes centros de actividad (a partir de 200 empleados o 100 por turno) disponer de un plan de movilidad que incluya métodos de transporte alternativos.

Lo ideal, sin embargo, sería que todos los agentes económicos interiorizaran la necesidad de disponer de este instrumento: “La elaboración de un plan lo podemos hacer cualquiera, sea obligatorio o no y al margen del tamaño de las entidades. De hecho, todas las Jefaturas Provinciales de Tráfico tienen su propio plan y lo hacen sin recurrir a recursos externos. Cualquiera puede trabajar en seguridad vial, incluso una empresa unipersonal. A veces es más una cuestión de voluntad y de conciencia”, argumenta Pilar del Real, jefa de Área de Intervención Estratégica del Observatorio Nacional de Seguridad Vial. En la misma línea, Blanca Ruiz de Zárate, jefa de la Unidad Técnica de Seguridad Vial Laboral del Centro Nacional de Nuevas Tecnologías (CNNT) del INSST, entiende que es fundamental avanzar en la prevención: “Lo que es importante es gestionar adecuadamente el riesgo laboral vial presente en las organizaciones. En el caso de los desplazamientos durante la jornada existe la obligación empresarial de evaluar el riesgo y de adoptar medidas preventivas, y además se aconseja desarrollar acciones de formación y sensibilización, y elaborar recomendaciones específicas dirigidas a los desplazamientos in itinere (ida y vuelta al trabajo) para todas las personas trabajadoras”.

Responsabilidad y sostenibilidad

Con esta premisa, el INSST y la DGT colaboraron con la Inspección de Trabajo y Seguridad Social en el ‘Plan tipo de movilidad segura y sostenible’, un documento que recoge acciones para mejorar la seguridad vial desde todos los puntos que afectan a los centros laborales. Y, si el plan de movilidad en la empresa aporta beneficios extra [ver recuadro en página 19], existen otras opciones como incorporar la seguridad vial laboral a sus planes de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) e informes de sostenibilidad.

Para Agustín López García, secretario de Comunicación del Sector Estatal de Carretera y Logística de FSC-CCOO, no es sólo una oportunidad, sino una obligación: “La siniestralidad vial laboral no es un ‘accidente’ inevitable, es un riesgo laboral que debe ser gestionado y prevenido. La norma de seguridad vial debe ser modelo de funcionamiento en las empresas. Una empresa que se dice socialmente responsable no puede tener siniestros laborales viables evitables”.

El amplio listado de buenas prácticas que aparecen en la guía orientativa sobre ‘La incorporación de la seguridad vial en la responsabilidad social corporativa (RSC)’, elaborada por la DGT, demuestra que las grandes empresas y gestores de flotas son mucho más receptivas y realizan acciones como formaciones específicas, utilización de simuladores y tecnología de realidad virtual en las actividades didácticas, apoyo a las víctimas de siniestros viales, financiación para adquirir vehículos seguros y sostenibles, mejora de la infraestructura de acceso a los centros de trabajo, fomento de la investigación o atención a la seguridad vial de las empresas con la que se subcontrata.Las centrales sindicales CCOO y UGT también predican con el ejemplo: tienen el riesgo vial explícitamente incluido en el Plan de Prevención, ofrecen formación específica, fomentan alternativas de transporte -en especial transporte público- entre su plantilla e insisten en horarios flexibles, respeto al descanso y potenciación del trabajo a distancia. Pero, la realidad de las pymes, mayoría en España, es muy diferente.

La seguridad vial laboral es una responsabilidad compartida entre empresa y empleado.

Las pequeñas

"Las empresas pequeñas carecen de presupuestos planificados y de personal cualificado. No hay una cultura suficiente que deje en primer lugar a la seguridad frente a la producción y el beneficio. La subcontratación es donde las grandes empresas deben y tienen que ser maquinaria del cambio, en lugar de ser el método para externalizar el riesgo y la precariedad. Si el cliente exige seguridad, el subcontratista se verá obligado a implementarla”, asegura López.

Desde CCOO defienden además, que se considere el estrés como un factor fundamental de riesgo en profesiones relacionadas con el reparto y distribución de mercancías; y apuestan por medidas como adaptar rutas y tiempos de entrega a la realidad de la carretera, eliminar la presión y proporcionar vehículos seguros con el mantenimiento riguroso y una formación continua y específica, además de contar con los empleados a la hora de establecer las medidas de prevención.

La misma opinión es compartida por UGT Madrid. Son conscientes de que las grandes empresas ya están en ello, pero sus acciones son insuficientes por sí solas: “Su verdadero impacto global dependerá de que estas se extiendan y se adapten a las pequeñas y medianas empresas. La seguridad vial laboral es una responsabilidad compartida entre el empleador y la persona empleada. Las empresas, incluidas pymes y micro pymes, tienen la obligación de realizar e implementar los planes en materia de seguridad vial laboral para reducir los accidentes laborales de tráfico”, insisten.

A pesar de todo, reconocen que ya hay ayuntamientos y empresas de transporte urbano que han empezado a incluir cláusulas de seguridad vial en sus pliegos de contratación. De hecho, con la idea de que cunda el ejemplo, la DGT ha publicado este año una guía orientativa para ayudar a las organizaciones en sus licitaciones.

Certificados y sellos

Otros instrumentos para facilitar a la empresa la elaboración de su estrategia de prevención son los sistemas de gestión de la seguridad. Un ejemplo es el basado en la ISO 39001, diseñada específicamente para afrontar los riesgos relacionados con la seguridad vial en la empresa. “Reducir los accidentes de tráfico es un compromiso de todos, pero en el caso de las empresas, su actuación tiene un impacto mayor entre la sociedad, y disponer de un modelo de certificación como la ISO 39001 demuestra que están comprometidas con la seguridad vial en un sentido global, que se extiende desde los empleados, a los pasajeros y a terceros usuarios”, afirma Sergio González, coordinador de Marketing Estratégico de AENOR, una de las empresas que otorgan este certificado.

Con una filosofía similar, la DGT promueve el ‘Sello de Movilidad Segura en la Empresa’, para que las CCAA puedan “premiar” a las organizaciones que garanticen de forma efectiva la seguridad vial de su plantilla, “porque los sellos o las certificaciones no deben entenderse como un fin en sí mismo, sino como un premio por haber hecho las cosas bien a la hora de abordar los riesgos viales de las personas trabajadoras”, asegura Pilar del Real.

Por el momento, Asturias (pionera en 2016), Cantabria, Murcia, La Rioja y Castilla y León disponen de sellos creados a partir de esta iniciativa, y la idea es que pueda extenderse a otras comunidades. Porque, como señala Sergio González: “Cualquier movimiento desde el ámbito corporativo hacia una movilidad más segura y eficiente nos acercará a un modelo de país que vela por la seguridad vial de todos”.

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jueves, 12 de marzo de 2026

Una de cada cuatro personas trabajadoras en España ha estado de baja por estrés laboral

El estrés laboral ya no es un estado pasajero: se ha convertido en una realidad estructural que afecta de forma directa a la salud física, emocional y social de los trabajadores. Así lo revela el informe ‘Burnout. ¿Trabajos que cuidan o que enferman?’ elaborado por EAE Business School, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades.

El estudio concluye que el 24% ha estado de baja por estrés en algún momento. Un dato que concuerda con la cifra arrojada por la encuesta de Condiciones de Trabajo realizada en 2023, que destaca que el 28% de los trabajadores muestras síntomas clínicos de burnout.

«No se trata de debilidad personal, sino de un diseño laboral tóxico que prioriza la productividad constante sobre la salud», señala Merche Aranda, profesora de EAE Business School y autora del estudio. «Los empleados sufren, pero no lo dicen. Prefieren callar por miedo a las represalias o a ser etiquetados como débiles», añade.

El silencio organizacional: Una renuncia invisible

Uno de los fenómenos más preocupantes que revela el informe es el llamado ‘silencio organizacional’. El 44% de los trabajadores no se siente escuchado ni valorado, y un 38% elige no expresar sus opiniones y simplemente acepta las órdenes de sus superiores Un 49% afirma sentirse seguro compartiendo preocupaciones con sus superiores, y un 44% considera que hablar tiene consecuencias positivas. El silencio no es casual, sino estratégico: el miedo al juicio o al castigo provoca aislamiento y puede desencadenar lo que los expertos denominan ‘adiós silencioso’.

Este fenómeno implica varias consecuencias para la empresa, como miles de millones de euros al año de gasto producido por la rotación, el absentismo y la baja productividad. Asimismo, este adiós silencioso, según los expertos, provoca un daño grave a la autoestima, así como desencanto vital.

Insomnio, desconexión digital, falta de propósito y liderazgo

El principal síntoma del burnout en España es el insomnio, que afecta al 63% de quienes sufren estrés laboral. Le siguen el agotamiento emocional y la incapacidad de desconectar (47%), así como alteraciones alimentarias, especialmente entre mujeres y jóvenes de la Generación Z.

A pesar de esta realidad, el 76% se considera eficaz en su trabajo y afirma disfrutar de los logros laborales. Sin embargo, también hay una fractura emocional: los hombres muestran mayores niveles de desconexión y muchos dudan del valor que aportan a su organización.

El estudio también alerta sobre el papel del liderazgo en la gestión del burnout. El 58% de los trabajadores tiene una opinión negativa de sus líderes, y un 49% considera que este genera un entorno seguro para expresar sus opiniones. Por otro lado, el 38% no se sienten inspirados por sus superiores y el 35% considera que no les moviliza su energía y compromiso.

Aunque el liderazgo colaborativo es el más valorado (51%), existe una clara demanda de líderes más humanos, accesibles y empáticos.

Diferencias por edad y género

El informe refleja una clara diferencia generacional: los Boomers son los que más conectan emocionalmente con sus compañeros y presentan mayor satisfacción vital, mientras que los jóvenes y perfiles operativos son los que más dificultades tienen para encontrar propósito y motivación. En cuanto al género, las mujeres muestran mayor empatía y conexión con sus pares equipos, mientras que los hombres tienden a una mayor despersonalización en el entorno laboral.


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domingo, 22 de febrero de 2026

La neurociencia, la tecnología y la educación

El funcionamiento del cerebro durante los procesos de aprendizaje es un campo fascinante que la neurociencia aplicada a la educación estudia y que puede ser de utilidad para implementar estrategias y métodos de enseñanza.

Dentro de nuestro cerebro ocurren muchos procesos y emociones que permiten u obstaculizan el aprendizaje. Por ejemplo, el estrés en el aula afecta la parte del cerebro denominada amígdala (se encarga principalmente del procesamiento, aprendizaje y memoria emocional, así como de la respuesta al miedo y estrés), ya que se estimula negativamente (con miedo y preocupación), alterando la concentración.

Asimismo, el estrés dentro de un ambiente de aprendizaje influye en el hipotálamo (mantiene la homeostasis), la hipófisis (producción y liberación de hormonas) y las glándulas suprarrenales (regulación de procesos vitales), mismas que secretan la hormona adrenocorticotrópica (ACTH), es decir, el cortisol, el cual reduce la plasticidad del cerebro y ralentiza a las dendritas (parte membranosa, como “brazos” de la neurona) para recibir y enviar los estímulos a otras células del cuerpo.

De acuerdo con la neurociencia, estos hallazgos pueden ser de gran ayuda a la hora de planear, implementar y mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje, ya que este campo emergente en la educación promete ser una herramienta para impulsar y optimizar su desarrollo académico.

¿Qué es la neurociencia?

Dicho de una manera simple, la neurociencia estudia al sistema nervioso, siendo la neurona la unidad estructural y funcional del mismo. El objetivo de la neurociencia es entender el funcionamiento del sistema nervioso para producir y regular emociones, pensamientos, conductas y funciones corporales básicas, así como estudiar los trastornos y/o enfermedades que causan su mal funcionamiento. La neurociencia es interdisciplinaria, puesto que se ha apoyado en otras ciencias como la biología, la medicina, la psicología, etc., beneficiando con sus hallazgos a otros campos como la neurología, la psiquiatría y la educación.

La neurociencia en la educación

La educación es la encargada de los procesos de enseñanza-aprendizaje que proporcionan herramientas, habilidades, etc., necesarias para que el estudiante se pueda desempeñar favorablemente; mientras que la neurociencia se dedica a entender los procesos mentales del cerebro durante el aprendizaje, es decir, lo que estos involucran y cómo se desarrolla este proceso en el cerebro.

Por tanto, la neurociencia educativa actúa como el puente entre la neurociencia y la investigación educativa, con el fin de mejorar la práctica docente y el aprendizaje de las y los alumnos.

¿Qué es la neurotecnología educativa?

Primeramente, hay que entender que la neurotecnología es un campo de la ciencia e ingeniería en el cual el sistema nervioso está interconectado con dispositivos técnicos. Este campo incluye tecnologías para comprender, visualizar y evaluar el cerebro y sus procesos (hasta controlar algunos de ellos), además de reparar o mejorar sus funciones como la memoria, atención, entre otros.

Ahora bien, la neurotecnología educativa es donde converge el conocimiento neurobiológico (comprensión del funcionamiento del cerebro y sistema nervioso), la neuropsicología (la relación del cerebro y el comportamiento humano) y la tecnología. Esta se centra en el mecanismo de aprendizaje, con el fin de optimizarlo y personalizarlo, apoyando a su vez a los docentes en esta labor.

La neurotecnología educativa abarca tecnologías de monitoreo cerebral, tales como electroencefalograma (EEG) o tecnologías de neuroimagen (fMRI), interfaces cerebro-computadora (BCI), aplicaciones de estimulación cerebral, estimulación cognitiva mediante videojuegos, así como plataformas educativas basadas en neurociencia. A través de estas tecnologías de monitoreo cerebral se pueden identificar los neuromarcadores, los cuales son un indicador específico relacionado con la actividad, estructura o función del sistema nervioso. Por ejemplo, el neuromarcador P3 está asociado con el rendimiento académico.

Por su parte, la relación del cerebro con los videojuegos también ha sido probada, puesto que al jugar se reconfigura la vía cerebral, que es responsable del proceso visual, impulsado la plasticidad cerebral. Esto puede ayudar a trasladar ese conocimiento a otras actividades y a la vida diaria. Las aportaciones de este campo permiten una mejor comprensión a las bases neuropsicológicas del uso de la tecnología para atender discapacidades visuales, auditivas y sensoriales del desarrollo. Además, ayudan al profesorado a diseñar e implementar cambios metodológicos para la mejora de la atención, programas motores y/o del desarrollo del lenguaje, memoria y creatividad, así como la superación de dificultades en el aprendizaje (ya sea por lenguaje, atención o habilidades sociales).

A saber, uno de los primeros estudios sobre neurotecnología educativa que ganó atención pública, gracias a la cobertura del Wall Street Journal, fue realizado por una escuela primaria en China, donde por medio de bandas con sensores (similares a los electrodos de un EEG) se midió la actividad eléctrica del cerebro. En función de esta actividad se mostraban luces de colores diferentes según los estados de atención del cerebro, y por medio de un software especializado se observaron los resultados de la clase entera en una sola pantalla. Esto proporcionó una nueva forma de evaluar los niveles de atención de los estudiantes durante una lección.

Tipos de neurotecnología educativa

De acuerdo con el contexto educativo, se pueden incorporar diferentes tipos de neurotecnología educativa con tecnología no invasiva (Sinasi y Hasmatuchi, 2023):

Las que son basadas en tecnologías de la información y la comunicación. Aquí entra la gamificación, puesto que se estimula el aprendizaje y la creatividad. Por ejemplo: Quizzlet, Kahoot!, Wordwall, etc.

Aquellas que están conectadas físicamente a nivel individual, las cuales son diseñadas para decodificar estados mentales a partir de señales cerebrales y su modulación mediante neuroestimulación. Son las herramientas que se conectan al cerebro y que implican un neurofeedback, el cual se refiere a modificar el espectro de frecuencia de las oscilaciones neuronales espontáneas para ayudar a las y los niños a aprender a controlar su estado de atención. Por ejemplo, la banda de BrainCo para medir la actividad cerebral en tiempo real.

En este sentido, las neurotecnologías son diseñadas para desarrollar o mejorar funciones cerebrales, tales como atención, memoria, control de las emociones y comportamientos. Por ende, el concepto de neuroplasticidad o plasticidad cerebral es importante, ya que es la capacidad del cerebro de cambiar y adaptarse, es decir, su flexibilidad ante los cambios (aprendizaje, entorno, daño, etc.). Además, promueve la modificación de las conexiones neuronales a lo largo de la vida.

Retos

Aunque la neuroeducación y la neurotecnología suenan prometedoras, aún hay trabajo por hacer si se busca una implementación efectiva. Dentro de los retos que este campo emergente puede presentar se encuentran los siguientes:

Las implicaciones éticas de la toma y la seguridad de los datos. Este es un trabajo crucial que la neuroética deberá afrontar y legislar.

El impacto de la neuroestimulación y el neurofeedback, el cual continúa siendo estudiado, por lo que no es conocido en su totalidad.

El potencial de la neurotecnología para modificar procesos neuronales.

La forma en la que se capacitará al profesorado para la aplicación efectiva en el aula para que el enfoque esté centrado en objetivos.

El costo elevado de su implementación, puesto que requiere de aparatología. Sumando también a un problema de accesibilidad.

La neurociencia es un campo fascinante y retador, puesto que la mente humana es un mundo complejo de acciones y reacciones ante los estímulos del ambiente. Por esta razón, la educación dentro de la neurociencia y la neurotecnología merece más investigación y desarrollo, con el fin de que los futuros hallazgos se encaminen hacia un progreso positivo y seguro.

Fuente.

domingo, 15 de febrero de 2026

La brecha que viene

En los años ochenta me estrené en el mundo laboral. Era un primitivo investigador, “informador de crédito” en un banco; algo así como el primer organismo larvario en la cadena evolutiva de un banquero.

Había que estar en la calle, había que tener capacidad de leer un plano, sentido común para armar una ruta, buena memoria para recordar números telefónicos, nombres de calles y su respectiva numeración, pericia inquisitiva, facilidad para escribir un informe y saber teclear en una máquina de escribir. En esto último fui notoriamente torpe, en lo demás tuve alguna solvencia. Esas habilidades (nada extraordinarias) hoy serían un buen reto para muchos jóvenes. Sin duda hemos perdido capacidades en manos del avance tecnológico.

Cuando veo el cielo nocturno (si es que las estrellas son visibles) soy incapaz de orientarme en función de la posición de los astros. Tampoco podría saber en qué época del año estamos dependiendo de dónde sale o se pone el sol. Hubo antes de mí, de nosotros, quienes sabían hacerlo como parte de su repertorio de sobrevivencia o de saberes cotidianos. Los antiguos navegantes podían orientarse en el mapa estelar con apoyo de instrumentos con nombres hoy exóticos: astrolabios, ballestillas y sextantes. Con el tiempo la tecnología facilitó la navegación con nuevas herramientas, como ahora ha facilitado al habitante de una ciudad llegar a cualquier calle o registrar, sin memorizar, números telefónicos y otros datos esenciales. ¿Estamos ante una involución humana?

Quiero pensar que no se trata de una atrofia, sino de una transformación. Procesamos, pensamos y operamos diferente. Ya no sacamos de la guantera la Guía Roji; con un comando de voz activamos el navegador. Pero hay más.

En el provocador ensayo “Pensar se está convirtiendo en un lujo” (publicado en New York Times), Mary Harrington sostiene que la tecnología digital está erosionando destrezas cognitivas clave: la concentración prolongada, la lectura profunda y el razonamiento complejo. Estoy de acuerdo. Soporta su argumento en el Efecto Flynn, fenómeno que ha documentado, durante décadas, las puntuaciones de las pruebas de inteligencia en varios países. Resulta que el coeficiente intelectual promedio estuvo subiendo en las últimas décadas del siglo XX. Es decir, cada generación superaba a la anterior. Pero ahora estas mediciones muestran lo contrario, el coeficiente intelectual está disminuyendo.

Hay otro punto preocupante: estamos potencialmente ante una nueva estratificación cultural (social). Convengamos que las clases pudientes se alimentan mejor que la población necesitada, acceden a mejores alimentos, esto genera una brecha en la salud poblacional. De forma análoga, las élites tienen acceso a mejor educación, aquella con menor influencia negativa digital, educación que rescata el pensamiento crítico, la concentración prolongada, la lectura de textos largos y complejos. Mientras tanto, los sectores pobres seguirán consumiendo videos cortos, chistosos, virales, memes idiotas y contenido plagado de mentiras. Es decir, chatarra mental. En este panorama crecerá la desigualdad de recursos mentales; será un mundo polar donde unos no sólo tienen más dinero, también más capital cognitivo que otros.

Uno de los problemas de este fenómeno de descapitalización cognitiva es que los gobernantes emanan de la población. Una población menos pensante produce gobernantes menos pensantes. Ya estamos viendo cómo personajes con enorme poder mundial difunden contenido mediático vergonzoso. Con la intención de humillar a los oponentes, en realidad se rebajan ellos. Tristemente los consumidores de estos mensajes son sus bases de apoyo que, como reacción tribal, festejan creyendo que avanzan.

En la teoría de la Espiral Dinámica esto nos encasilla (como humanidad) en los niveles más bajos de la evolución social, donde la pertenencia importa más que la moral, de ahí a partidos políticos solapando indefendibles (en cualquier país del mundo). Un tribalismo de poder plagado de violencia, culto al líder, dogmas, enemigos, humillación, sometimiento y revancha.

Mientras cavilo en esto veo que, irónicamente, a la distancia de aquellos años juveniles, es el papel (un plano o un libro) el que me sigue diciendo cómo llegar.

Fuente: Eduardo Caccia

jueves, 29 de enero de 2026

El ruido como riesgo laboral, cuando el sonido se convierte en una amenaza en el trabajo

La última edición de La Ventana de la Prevención pone el foco en la exposición al ruido en fábricas y entornos industriales: desde los decibelios que obligan a actuar, hasta cómo lo viven en su día a día quienes trabajan con máquinas que no se callan nunca.

La nueva entrega de La Ventana de la Prevención —el proyecto de Comisiones Obreras, financiado por el Instituto Cántabro de Seguridad y Salud en el Trabajo y realizado en colaboración con la Cadena SER— abordó esta vez un riesgo tan cotidiano como silenciosamente dañino: el ruido en el ámbito laboral. El técnico de prevención Valentín Ramos trazó primero el marco normativo y sanitario; después, Víctor Sordo Herrero (delegado de prevención en Global Bright Bars) e Ismael Zamanillo Algorri (trabajador de la misma compañía) aterrizaron la teoría con su experiencia entre máquinas y acero.

Ramos recordó que la exposición al ruido afecta a prácticamente todos los sectores —“podemos aplicarlo a todo tipo de trabajos… construcción, metalurgia…”— y que no se trata del ruido urbano o de ocio, sino del ruido generado por la actividad industrial y regulado en la normativa de prevención. “No estamos hablando de otros tipos de ruido como el tráfico rodado o la música de un bar; eso va por ordenanzas municipales”, puntualizó.

Más allá de la pérdida auditiva, el técnico insistió en el impacto sistémico del ruido: “puede producir efectos no auditivos, como el estrés, la fatiga, aumento de la presión arterial, reducción de la concentración y mayor riesgo de accidentes por interferencia en la comunicación”. Ese abanico de consecuencias, subrayó, obliga a identificar el riesgo y medirlo en cada centro de trabajo como paso previo a cualquier decisión preventiva.

La normativa fija umbrales claros de actuación. Ramos los desgranó con precisión: “Los valores inferiores de exposición que dan lugar a una acción serían 80 dB de nivel continuo o 135 dB pico… Los valores superiores… 85 dB o 137 dB pico… y, por último, hay un valor de exposición diaria que nunca puede superarse: 87 dB, teniendo en cuenta la protección auditiva que podamos llevar”. En ese marco, entre 80 y 85 dB, la empresa debe entregar y el trabajador está obligado a usar protectores; 87 dB es el límite que “nunca debe ser sobrepasado bajo ningún concepto”.

Los principios de la acción preventiva siguen la jerarquía clásica: primero, actuar sobre el foco (“el origen, tratando de eliminar la fuente de ruido”); después, sobre el medio de propagación (“apantallar, poner materiales absorbentes”); y, por último, sobre el trabajador, con EPIs como cascos u orejeras. La teoría, explicó Ramos, es clara; el reto está en aplicarla en escenarios reales y cambiantes.

Ahí entran las voces de fábrica. Global Bright Bars —compañía del sector metal dedicada a barras de acero calibradas, principalmente para automoción— trabaja a diario rodeada de maquinaria ruidosa. “Hay bastante ruido… en las máquinas”, resumió Víctor Sordo. Su papel como delegado de prevención pasa por garantizar el uso y la adecuación de los protectores: “Las medidas que tenemos son las que nos facilita la empresa: tapones de silicona o flexibles que te introduces en la oreja, los cascos y las orejeras que puedes utilizar también”. Además, explicó, se realizan mediciones y existe un técnico de prevención interno que “tiene las medidas estandarizadas” según los niveles de exposición.

En el día a día de los operarios, el ruido no es una abstracción: es una presencia constante que interfiere incluso fuera de la planta. Ismael Zamanillo, con casi una década en la empresa, lo describió así: “Es un ruido que, aparte de afectarte lo que es el oído… te altera un poquitín el sistema nervioso, hay falta de concentración y genera más problemas”. Y se nota, dice, en cuanto la línea se detiene por una avería: “Se para el ruido y es como que te relajas, como que te alivias”. En los reconocimientos médicos, prosigue, “vemos si hemos perdido algo de audición” y, al llegar a casa, el cuerpo guarda el eco: “Tienes el pitido metido en el cuerpo”.

La ergonomía del propio EPI también influye en la aceptación y uso continuo. Sordo reconoce que no todos soportan los tapones, y él prefiere orejeras; con el tiempo, han mejorado: “Sí son más ligeras… antes pesaban más y, con el casco, se te transmite al cuello”. Aun así, permanecer ocho horas con protección es exigente, y hasta modifica hábitos: “Estoy a veces en casa y parece que estoy en el monte, sigo hablando superalto porque te crees que no te escuchan”, comenta entre risas, retratando cómo el entorno ruidoso se cuela en la vida cotidiana.

Que la cultura preventiva cale es clave. Zamanillo insiste en “hacer mucho hincapié… delegados y técnicos de prevención… por intentar minimizar todo lo posible el ruido”. Y aunque no han percibido cambios de fondo en la regulación o los procedimientos en su planta en los últimos años, Sordo sí aprecia pequeñas mejoras en la comodidad y eficacia de los equipos, algo nada menor cuando la consigna es no bajar la guardia ni un minuto.

La edición concluyó con una idea-fuerza: medir, actuar y proteger. Desde la evaluación de riesgos y los decibelios que obligan a tomar medidas, hasta el corazón de las naves industriales, el ruido es un compañero de viaje que no se ve, pero se siente. Y si algo dejó claro La Ventana de la Prevención, es que combatirlo requiere método, inversión y, sobre todo, constancia: en el origen, en el entorno y en cada trabajador que, orejeras mediante, saca adelante la producción de un sector que no puede —ni debe— hacerse el sordo.


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