Cuatro líderes del McKinsey Health Institute explican por qué la salud cerebral y las habilidades cognitivas son fundamentales para el crecimiento, la resiliencia y el futuro del trabajo.
A medida que la IA acelera el cambio en economías y entornos laborales, gran parte de la atención se ha centrado en la tecnología en sí. Sin embargo, una nueva investigación del McKinsey Health Institute y el Foro Económico Mundial sugiere que existe una fuente de valor igual de importante —y frecuentemente ignorada— mucho más cercana: nuestro cerebro.
El concepto de economía cerebral refleja un cambio en la forma en que se entiende el valor. Cada vez más, el crecimiento económico depende no solo del capital físico o de la infraestructura digital, sino también de la salud cerebral y las habilidades cognitivas: nuestra capacidad de pensar con claridad, adaptarnos al cambio, colaborar eficazmente y tomar decisiones acertadas en entornos complejos.
En este vídeo explicativo, Erica Coe, Jacqueline Brassey, Kana Enomoto y Lucy Pérez, de McKinsey, exploran qué es la economía cerebral, por qué la presión sobre nuestros cerebros está aumentando, cómo la IA eleva el listón de la capacidad humana y por qué invertir en capital cerebral se ha convertido en una llamada urgente para líderes, empresas y sociedades.
¿Qué es la economía cerebral y por qué importa ahora?
Lucy Pérez: La economía cerebral gira en torno a una idea fundamental: cerebros fuertes impulsan economías fuertes. Cada vez más, vemos que la creación de valor proviene de lo que podemos imaginar, diseñar y conectar con nuestros cerebros, más que de lo que fabricamos con nuestras manos.
Kana Enomoto: La economía cerebral es un concepto emergente según el cual los sistemas económicos resilientes y prósperos se sustentan en cerebros sanos y fuertes. Y cuando hablamos de cerebros sanos y fuertes, nos referimos no solo a la salud cerebral, sino también a la salud mental, la salud neurológica, el consumo de sustancias y las habilidades cognitivas.
Jacqui Brassey: Una economía cerebral sitúa el cerebro en el centro de la economía. Diseña la economía, la sociedad y las organizaciones teniendo el cerebro en mente. Y eso es enormemente importante ahora que estamos transformando toda la arquitectura de cómo trabajamos, con agentes, robots e inteligencia artificial de alto nivel.
Erica Coe: Lo que aportamos a través de nuestra salud cerebral y nuestras habilidades cognitivas es un activo valioso: a nivel individual, empresarial y social.
¿Por qué están nuestros cerebros bajo tanta presión ahora mismo?
Erica Coe: Si pensamos en el impacto que tuvo la pandemia sobre las tasas de ansiedad, depresión y otras afecciones cerebrales en todo el mundo, ya partíamos de un punto de mayor carga. A eso se suma la tormenta perfecta que enfrentamos ahora: cambios demográficos, tecnológicos y científicos, incertidumbre geopolítica y económica, el envejecimiento de la población y el aumento de la carga de enfermedades. Estamos hablando de una presión real sobre nuestros cerebros a lo largo de toda la vida.
Lucy Pérez: La vida avanza más rápido de lo que nuestros cerebros están acostumbrados. La tecnología cambia con rapidez. El mundo se siente más impredecible. Y nuestros sistemas educativos, laborales y sanitarios no han podido seguir el ritmo.
Jacqui Brassey: Nuestros cerebros nos ayudan a mantenernos seguros. Esa es la función de nuestro maravilloso cerebro. Lo hace ayudándonos a predecir lo que va a ocurrir. Cuando el mundo se vuelve impredecible, nos cuesta energía y cometemos más errores. Eso supone una carga para el cerebro.
Kana Enomoto: Aún no hemos visto el impacto completo de la IA y la automatización sobre la carga cognitiva. Todavía no sabemos qué va a suponer para los estudiantes, los jóvenes y la próxima generación de trabajadores.
Lucy Pérez: Se observa que los niños tienen cada vez más problemas de salud mental. Hay agotamiento en el trabajo. Y los adultos mayores se sienten con frecuencia aislados. Todo se acumula. La buena noticia es que cuando cuidamos nuestros cerebros, individual y colectivamente, podemos construir comunidades capaces de adaptarse a cualquier cosa.
Salud cerebral y habilidades cognitivas: por qué se necesitan ambas.
Erica Coe: El capital cerebral es la suma de la salud cerebral y las habilidades cognitivas. La salud cerebral no es solo la ausencia de enfermedad: también es el funcionamiento positivo del cerebro, nuestras capacidades cognitivas y nuestra capacidad para desenvolvernos en la vida cotidiana. Esa es la base. Sobre ella se desarrollan habilidades que podemos aprender desde muy temprana edad y que fortalecerán nuestra capacidad mental, nos darán más resiliencia e incluso nos permitirán afrontar nuevas situaciones y compensar el deterioro cognitivo.
Lucy Pérez: La salud cerebral va mucho más allá de evitar enfermedades: se trata de prosperar. Cuando nuestros cerebros están fuertes, pensamos con claridad, aprendemos más rápido, gestionamos mejor el estrés y nos conectamos mejor con los demás.
Kana Enomoto: La salud cerebral, las capacidades cognitivas y las habilidades mentales están profundamente interrelacionadas. Sus beneficios comienzan a acumularse desde los primeros días de vida. Cómo se desarrolla nuestro cerebro, cómo aprendemos a movernos por el mundo y a relacionarnos con otras personas: estas habilidades sustentan nuestra salud y nuestro éxito a largo plazo. Es necesario establecerlas desde temprano y cultivarlas a lo largo de toda la vida.
La IA no reemplaza a los humanos: eleva el listón.
Kana Enomoto: En la era de la inteligencia artificial, se necesita una inversión paralela en inteligencia humana. Para aprovechar lo que la IA puede ofrecer a la humanidad, y para que nuestras sociedades sean seguras, cohesionadas y prósperas, necesitamos que la humanidad trabaje codo a codo con la tecnología: que comprenda lo que recibe, que sea capaz de marcar la dirección y que formule juicios éticos sobre cómo utilizar ese poder y esa información.
Lucy Pérez: La IA podría ser un enorme impulso. Pero solo será posible aprovechar su pleno potencial si también invertimos en las personas. El futuro pertenece a los equipos que sepan combinar una gran tecnología con una gran salud cerebral y habilidades humanas.
Erica Coe: La IA puede potenciar la innovación y ayudarnos a gestionar una mayor carga cognitiva. Pero también tiene desventajas: puede erosionar la atención. Quizás hayan oído hablar del concepto de demencia digital. Si dejamos que los ordenadores hagan demasiado por nosotros, puede generar más estrés y problemas de confianza. Existe una necesidad imperiosa de seguir invirtiendo en nuestra propia salud cerebral, a medida que la IA, las herramientas y los flujos de trabajo cambian a un ritmo tan acelerado.
Jacqui Brassey: Si no desarrollamos habilidades cognitivas, podemos encontrarnos perdidos en un mundo construido por la superinteligencia, donde el factor humano ni siquiera esté sobre la mesa. Y eso no es lo que necesitamos. Los seres humanos deben seguir siendo el centro de todo aquello hacia lo que trabajamos.
El argumento económico para invertir en capital cerebral.
Erica Coe: Solo escalando las intervenciones existentes, podríamos recuperar 260 millones de años de vida saludable y desbloquear 6,2 billones de dólares en ganancias de PIB para 2050. Y eso es únicamente abordando la carga actual de enfermedades relacionadas con la salud cerebral. Si a eso le sumamos la inversión en habilidades cognitivas y el desbloqueo del máximo rendimiento cerebral colectivo, el valor en juego aumenta aún más.
Kana Enomoto: Podríamos generar hasta 6,2 billones de dólares en ganancias de PIB —aproximadamente el 4% del PIB mundial— para 2050, y eso solo desde el lado de la salud cerebral. Si se eleva el listón asegurando que los empleadores ayuden a las personas a trabajar de una manera que optimice su potencial, podríamos añadir hasta un 12% al PIB mundial. Esto es realmente una llamada urgente a todos los sectores para que inviertan en capital cerebral.
Lucy Pérez: Cuando los individuos prosperan, los ecosistemas de los que forman parte también mejoran, ya sean entornos laborales o comunidades. Como resultado, las economías también se fortalecen. Por eso, invertir en salud cerebral y habilidades cognitivas es una de las inversiones con mayor retorno que todos podemos realizar, tanto para nuestro bienestar individual como para la sociedad y el crecimiento económico.
Lo que los líderes pueden hacer desde ahora.
Jacqui Brassey: ¿Qué pueden hacer los líderes hoy para contribuir a construir capital cerebral para el futuro? Los líderes tienen las llaves en sus manos. Pueden hacer mucho. Empieza por dar ejemplo: se trata de tomar la decisión deliberada y consciente de situar la salud cerebral en el corazón de cómo gestionas tu negocio. Y comienza por cuidar tu propia salud cerebral y mostrar a los demás cómo lo haces.
Lucy Pérez: Los líderes pueden marcar una gran diferencia desde hoy mismo. Se trata de reducir el estigma, ampliar el apoyo y hacer del desarrollo de habilidades parte de la cultura, tanto en las escuelas como en el trabajo. Habilidades como la empatía, la resolución de problemas y la adaptabilidad ayudan a los equipos a navegar el cambio. Y todos sabemos que el cambio es la única constante. Ya estamos viendo grandes ejemplos de líderes que invierten en capital cerebral para crear no solo personas más sanas y organizaciones más fuertes, sino también un crecimiento real.
Erica Coe: Existen intervenciones que podemos adoptar para fortalecer el funcionamiento de nuestro cerebro y mejorar la productividad laboral: cambios en nuestra vida cotidiana —desde entender el impacto del sueño y la alimentación— que nos permiten rendir al máximo y mantener la agudeza mental día a día. También hay cambios que pueden realizarse en el entorno laboral y que afectan directamente a la productividad de los empleados. Existe un interesante efecto cascada: cambios que parten del nivel individual, escalan al nivel de la fuerza laboral y acaban transformando la sociedad en su conjunto.
"Nuestra aspiración es una economía cerebral global en la que fortalecer la capacidad humana se trate con la misma urgencia que invertir en tecnología." — Kana Enomoto, socia en la oficina de McKinsey en Washington D.C.
Cómo podría ser el futuro si lo hacemos bien
Lucy Pérez: Si invertimos en capital cerebral, podemos construir sociedades más innovadoras, más resilientes y centradas en las personas. Imagino un mundo donde los niños tienen el apoyo que necesitan para aprender y crecer, y donde los adultos trabajan en entornos diseñados para el bienestar, donde el agotamiento es cosa del pasado. Imagino modelos de colaboración efectivos con la tecnología, y un mundo donde los adultos mayores tienen los recursos necesarios para mantenerse conectados y cognitivamente saludables.
Jacqui Brassey: Soñemos en grande. Dentro de cinco años, si las sociedades han situado realmente la salud cerebral en su núcleo, ¿cómo será ese mundo? Puedo ver esa imagen: sociedades más pacíficas, más innovadoras, más creativas; personas que florecen y son productivas. Es posible.
Erica Coe: En realidad, tenemos mucho más poder del que la gente cree. Por ejemplo, se estima que el 40% de los casos de demencia son prevenibles adoptando ciertas medidas. Mucha gente probablemente piensa que la demencia es algo inevitable; que si la desarrollas, no puedes hacer nada al respecto. Pero no es así. También sabemos que el principal factor del agotamiento laboral es un entorno de trabajo tóxico, y existen intervenciones concretas que han demostrado reducir esa toxicidad. Son cosas que realmente podemos cambiar: no son resultados a los que estemos predestinados.
Kana Enomoto: Nuestra aspiración es una economía cerebral global en la que fortalecer la capacidad humana se trate con la misma urgencia que invertir en tecnología. Cuando centremos el capital cerebral, nuestras sociedades podrán crear vidas más saludables, economías más fuertes y comunidades mejor preparadas para el futuro.
Fuente.










